Resúmen del verano: Percance veraniego #1

No he querido escribir este artículo hasta disponer de todo el material necesario para solucionar el problema.

A mediados del pasado agosto, fuí con mi hermana, sí, “rodilla de acero” como alguien la bautizó en su momento, a darnos unos baños en la playa de Area Brava en Aldán, donde se encontraban mis primos. Tras una travesía bastante tranquila, en la que incluso hubo que tirar del motor llegamos allí. Inicialmente nos ibamos a abarloar, pero desistimos de hacerlo pues se levantó un pequeño pero molesto mar de fondo del norte.

Tras unos baños y un rato de charla, desconfiando de ese mar de fondo que parecía levantarse cogí los prismáticos y le dije al novio de mi prima, que era el patrón del otro barco: “Oye, a mi esto no me gusta nada como se está poniendo, yo voy a arrancar, y tú deberías hacer que tienes 10 millas de ceñida por delante.”

Al poco tiempo ya navegabamos rumbo norte, tratando de abrirnos lo máximo con el fin de entrar directamente hacia Portonovo en un solo bordo. Aquello no iba bien del todo, el viento se quedaba y el mar crecía: “qué cosa rara” pensé yo, esto no es normal aquí. Tomé la decisión de mantener la mayor para darle estabilidad al barco, recoger el génova y arrancar el motor. Evidentemente el rumbo desde ese momento fue el de ir directamente a puerto, por lo que poco a poco nos fuimos acercando a Cabo Udra.

De un minuto al siguiente las olas se multiplicaron por 4, era una locura, me tuve que poner el traje de aguas y arriar la mayor. Mi hermana, y una de mis primas, que se había cambiado de barco en Aldán, se metieron en el camarote, y yo me quedé fuera chorreando. Las olas pasaban por encima de la cubierta y dos de ellas provocaron el fatal acontecimiento del que trata este artículo.

Mi tapa del pozo del ancla estaba sujeta sólo por una bisagra desde hacía ya unas semanas, por lo que la culpa sólo se me puede achacar a mi, debería haberla cambiado, por lo que cuando una ola abrió la tapa, y otra la arrancó, me quedé con cara de tonto.

Desde entonces he pedido como unos 300 presupuestos, y como siempre, en lo que a la náutica de recreo se refiere, hay unas diferencias abismales entre unos y otros. A todos les dije lo mismo: “Necesito hacer una tapa de pozo de ancla para mi Puma 23, y dispongo de una igual que me la puede prestar un amigo”. Me encontré con los siguientes precios: 100 aproximadamente, 180, 380 y 100.

He de decir que ya tengo mi flamante nueva tapa, y me ha salido bastante bien de precio, y aunque el dibujo del antideslizante no es igual bien vale. Sólo espero que no destaque demasiado su blancura en la proa del Peregrina.

Sólo me falta montarla.

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