Desmontando un winche, y luego otro

El pasado sábado, a la vuelta de una caminata por la isla de Ons soplaba esa pequeña brisa que se levanta antes de la puesta del sol, y que desaparece justo después de ponerse. Tras la caminata, y a pesar de llevar 16 kilómetros y pico en nuestros pies preferíamos no “disfrutar” del armonioso sonido del motor fuera-borda con el que está equipado la Peregrina, por lo que izamos las velas; la primera como siempre la mayor: nos aproamos, y la subimos, primero a pulso y finalmente con la manivela del winche, momento en el que saltó la alarma en mi, el winche giraba pero no se bloqueaba. Terminé de izar la vela a lo bruto, osea tirando de la driza como si me fuera la vida en ello, una vez bien subida, la até a la cornamusa junto al winche, y tras eso comencé a agobiarme, pues se bien que uno de los componentes más caros en la cubierta de un barco es cualquiera de los winches. Por suerte, hasta el día siguiente conseguí abstraerme de la avería, pero cuando la recordé me puse manos a la obra: lo primero, como todo aquello en lo que no se es experto: acudir a Youtube para ver cómo se desmontan. Un par de vídeos después ya estaba en cubierta con un destornillador desmontando la campana del mismo.

Inicié la reparación con miedo, temía encontrarme una vez más con un viejo amigo: el tornillo satánico que no hay quien lo saque, pero esta vez no fue así, lo saqué con relativa facilidad. Una vez liberada la parte superior del winche, y viendo que los “gatillos”, los llamo así porque no tengo ni puñetera idea de cómo se llaman, estaban agarrotados por culpa de la porquería acumulada y porque algunos de los muelles que los hacen salir hacia afuera estaban rotos.



Necesitaba comprar material de recambio, así que fuí a Eolo Sanxenxo, donde siempre me tratan bien a pesar de aparecer siempre con cosas muy viejas y rotas. Demontamos los “gatillos” y limpiamos todas las piezas con Sadira Centauro y alcohol de quemar con ayuda de un cepillo de dientes. Finalmente aclaramos todo con agua.

Una vez todo limpio substituimos los muelles rotos por otros nuevos, que salieron por un pico, metiendolos en sus huecos bien embadurnados en una “grasa superespecial para winches” que evidentemente cuesta un pastón.

Tras eso, me volví para el barco donde me di cuenta que en la base también había “gatillos” agarrotados, por lo que me armé de nuevo de cepillo, Sadira Centauro y paciencia e hice lo mismo que con la pieza superior, dejando toda la zona alrededor hecha un ascazo (luego lo limpié, claro). Finalmente monté todo, cosa que no tiene demasiada ciencia y quedó así:
Se trataba de un winche que trabaja sólo en un sentido, por lo que evidentemente es mucho más sencillo que uno de doble velocidad, pero he de decir que me ha quitado un poco el miedo a enfrentarme a ellos, aún así, no tengo pensado hacerlo por ahora. O no, ya veremos, si vienen varios fines de semana malos y me aburro, los desmonto seguro. Lo que sí es cierto, es que el de babor también lo desmonté y lo dejé listo.

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