Capítulo nuevo en mi relación de amor-odio con la Sika.

¡Menudo pastiche monté ayer en el barco con la Sika! Pero por lo menos esta vez no tengo la culpa del todo. Compré un bote de Sika de los pequeños, que debía llevar tiempo en la tienda o estar defectuoso, porque la parte de arriba del mismo estaba ya curado. Aún así, con ayuda de un destornillador consegí abrir un hueco en el mismo y comencé a aplicarlo en la zona donde quería pegar la mordaza que arreglé el otro día (ya escribiré un artículo acerca de ello). El caso es que como siempre en la vida, las desgracias suceden en una milésima de segundo: allí estaba yo, más feliz que un piojo agarrado a un pelo, aplicando la sika cuando repentinamente el bote reventó: cubierta, manos, mordaza todo pringado de la mierda blanca esa que es la sika… Acabé el trabajo como pude, pero quedó una guarrada que a ver cómo hago para dejarlo mínimamente digno. Para colmo, no creo que la Sika 291, que fue la que me juraron y perjuraron que era la adecuada para lo que quería usar sirva para fijar la mordaza, por mucho tornillo que lleve, sigo pensando que debía haber usado la 292, ya que es una pieza que se va a fijar a cubierta y debe soportar esfuerzos mecánicos, y que de hecho es la que pedí originalmente. En fin, hoy iré por el barco de nuevo a ver qué  c…… me encuentro.

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