Fin del relato de la “desfeita”

Seguimos con el relato de la “desfeita” del pasado 13 de Agosto: 
La verdad es que entrar en puerto con  un barco en cuya cubierta están tirados tanto palo, como velas como jarcia “como Dios te dio a entender” es una de las sensaciones más frustrantes que he sufrido en mi vida. La verdad es que entraba en puerto bastante jodido, con ganas de llegar a casa lo antes posible, dándole vueltas al posible futuro del barco cuando me di cuenta de que aún faltaba recoger todo y dejarlo más o menos presentable. No podía atracar en la plaza de amarre recoger e irme para casa. ¿Por qué? Pues porque el barco navegaba con unos 2 metros y medio de palo saliendo por popa en diagonal al espejo de popa, por lo que era inviable ir directamente a la plaza de amarre. 
Cuando nos acercamos a la bocana avisamos por radio al puerto para comunicar que queríamos atracar temporalmente en la cabecera de uno de los pantalanes, con el fin de allí poder “desescombrar todo” antes de llevar el plazo a su amarre definitivo.
Primero de todo soltamos toda la jarcia de cubierta y todas las drizas. Lo primero en ir a tierra fue el enrollador, cuyo perfil inferior (el que encaja en el tambor y transmite el giro) había roto en el perfil en el que se enrolla la vela. Por suerte el génova estaba intacto, así que lo desenrollamos y lo doblamos para que no estorbara.
Sacar el palo fue más complicado, pues tenía la mayor puesta y en la zona donde había doblado el palo, la relinga estaba deformada de manera que atrapaba la vela sin dar opción a sacarla. Tras mucho intentarlo, no nos quedó más opción que usar una radial para cortar la parte que bloqueaba la vela y poder sacarla. Me ayudó a hacerlo unos tíos estupendos que acababan de atracar. La relinga de la mayor sufrió un pequeño desperfecto, pero no les culpo en absoluto, yo lo hubiese hecho peor, y en cualquier caso no es nada que en la Velería Nordés no puedan reparar sin dificultad.
Finalmente conseguimos sacar la vela, y Lucho, el patrón del otro barco que estaba con nosotros en Beluso llegó para echarnos una mano. Tanto Cristina, como Laura y como Gloria fueron de una inestimable ayuda a la hora de recoger todo; pusieron todo lo que pudieron de su parte todo, dentro de los “estándares” de la náutica de recreo, salvo los ovillos de drizas que hizo Laura para adujarlas, que debo confesar que no he deshecho aún porque me encantan, .
Finalmente el barco fue para su plaza de amarre, el palo y el enrollador fueron asegurados sobre cubierta y pudimos irnos para casa, en mi caso, con la cabeza muy baja.

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