En el dique seco

Cuando ya casi se ha cumplido un año de que el barco está de nuevo en el agua con su flamante nueva arboladoura ha llegado el momento de hacer balance. Digo hacer balance porque otra cosa no puedo hacer: me han operado del menisco el pasado 25 de enero y estoy en el dique seco, viendo por la ventana de mi habitación en la ensenada de La Lanzada, un mar perfecto para ir a navegar mientras me aburro aquí aparcado en casa, y digo aparcado porque no me dejan conducir por ahora, paso las horas frente al ordenador escribiendo chorradas en este blog o haciendo rehabilitación con unos pedales de ortopedia y unas cintas elásticas para hacer estiramientos. Aún así, mantengo la esperanza de que la semana que viene pueda pedir el alta, pues la cosa parece que va avanzando, y el 17 de Febrero se celebra la regata de Portonovo de la 4ª Regata Interclubes Ría de Pontevedra, osea, que juego en casa. Una vez que ya me he ido por los cerros de Úbeda, como es habitual en mi, retomo el artículo: vamos a hacer balance.

Primero de todo he de apuntar que este año no he navegado tanto, ni mucho menos que el último año antes del accidente del palo. ¿Por qué? Pues muy sencillo: al no tener ya enrollador, navegar solo ya no es tan sencillo si se levanta una buena rasca. He de admitir que ahora, al contar con un lazy jack, el uso de la mayor es mucho más sencillo, pero no así el génova. Habrá que ver qué tal con el foque nuevo con el que me he hecho, que si acaso, con la ayuda de una cargadera, sí tiene pinta de poder facilitar las salidas en solitario.

Desde el punto de vista de “ir a hacer el loquesea a las regatas, he de decir que hicimos un tercer puesto, lo que significa que en un año hemos igualado la racha de 3 años anteriores al desarbolamiento del barco. Además, las nuevas velas, que serán motivo de un artículo futuro, han hecho que el barco se comporte de manera estupenda, y esto me lleva a un nuevo punto:

Ya va tocando subir el barco para limpiar el “arneirón”, cosa a la que por ahí adelante llaman caracolillo, y echar un vistazo al casco a ver si en su momento se me pasó alguna ampolla sin sanear en el casco. Eso último me da mucho miedo, pues siendo como soy, seguro que me supone unas comeduras de coco de aquí a mañana si se produce. Otra cosa que me preocupa es el estado en el que pueda estar la orza, pues a pesar de haber seguido todos los procedimientos indicados por el fabricante Gairesa, al final el trabajo estuvo en manos de un chapucero de los buenos como soy yo.

Finalmente añadiré que para el futuro se abre una buena perspectiva, siempre que no la cagara con el casco del barco, claro, ya que tener velas nuevas, y estar en un lento proceso de mejora del barco motiva para recuperar esa pasión por la vela que me hacía salir cada vez que podía, aunque fuera solo.

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