Velas no exáctamente nuevas.

En mi último artículo hablaba de unas flamantes nuevas velas, y mencionaba que tendría que escribir un artículo acerca de ellas, y parece que ha llegado la hora.Uno de los tripulantes habituales del barco, Jandro, se dedica a la restauración de equipos HiFi de unos cuantos años, y un día, en una conversación a bordo del barco le comenté que tenía dos equipos que podrían ser objetivo de una restauración y posterior venta: un sintonizador FM Vieta S-22 y un plato tocadiscos Lenco 75. La conversación acabó en una pregrunta mía: ¿Tú crees que esos dos “cacharros” restaurados y vendidos darían dinero suficiente como para hacernos con un foque?

La cosa había quedado ahí, en una conversación informal, pero la siguiente vez que vi los “cacharros” por casa se los llevé y la cosa quedó en un “tú mira a ver qué se puede sacar y si se saca algo, invertimos en un foque para cuando hay rasca, pues el génova que tenemos a bordo es demasiado grande”.

Por otro lado, la tarde de la víspera de San Juan, animé al armador del Aeris, Mariano Dios, y a una tripulante tanto del mencionado barco, como del Peregrina, Aránzazu Barros a venirse hasta San Vicente a cenar las tradicionales sardinas de la noche de San Juan. Durante la cena, surgió en la conversación el que Mariano tenía una vela mayor de dacron que no usaba ni iba a usar, pues tiene velas laminadas de regata mucho mejores. Comentó que si era capaz de adaptarla al Peregrina que me la regalaba. La vela era de un First 8, por lo que era bastante más grande de lo que necesitaba, pero los amigos de Nordés Velería obraron su magia en ella y la adaptaron para el Peregrina. Con la nueva mayor el barco ganaba más de un metro cuadrado de superficie, lo cual nos beneficiaría en los bordos con vientos portantes, auténtico talón de aqules del barco. La probamos por primera vez en la regata de Navidad de Aguete con bastante buen resultado, tanto en ceñidas como en empopadas, aunque como siempre, los problemas al izar el asimétrico compensaron esa mejora de tiempos.

A principios de 2018 me comentó Jandro que había contactado con un vendedor particular que vendía las velas de un Hallberg-Rassy Misil II, un velero sueco de 24 pies de finales de los años setenta, que a juzgar por lo que se ve en la web del constructor, parece un barco duro y muy marinero. Al parecer el vendedor tenía tanto un foque como un génova ligero un poco más pequeño que el génova de siempre del barco. Cuando me dijo que las velas provenían de un barco de 24 pies, investigué un poco sobre el mismo y pude averiguar que el palo que llevaba era de 9 metros, 70 cms, más que el palo del Peregrina por lo que seguramente habría que adaptarlas. Unos días después llegaron las velas, justo el día antes de la primera prueba de la 4ª Regata Interclubes Ría de Pontevedra, y dado que llevábamos el barco la vispera de la prueba, decidimos probarlas a ver si había que recortarlas mucho. El resultado fue mucho mejor de lo previsto, encajaban ambas como un guante. La verdad es que llegamos a Combarro felices y contentos con la compra, más aún cuando comprobamos que no habría que adaptarlas. Además, el estado de las velas era estupendo, no en vano tenían muy poco uso y no habían estado en contacto con el mar nunca, pues el barco al que pertenecían estaba en un pantano.

Dos velas de proa del “año del catapún” y una mayor regalada. Para que luego digan que la vela es un deporte de ricos y pijos…

 

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