XVI REGATA NAVIDAD – TROFEO MANUEL NORES (I)

Tras casi 3 meses de secano, el pasado sábado pude de nuevo volver a navegar. Se trataba de la primera prueba de la Regata de Navidad que todos los años organiza el Real Club de Mar de Aguete. Gracias a un habitual del Peregrina en las regatas del invierno pasado: Alberto, que es también armador de un Puma 23, llamado Nada Segundo con el que participamos en la mencionada prueba. Así lo vivimos a bordo del Nada Segundo.
La verdad es que hizo un día de perros, viento rolando constantemente, subiendo y cayendo cada dos por tres, lluvia abundante a ratos; pero he de reconocer que a ratos, fue un día en el que se pudo disfrutar mucho de la navegación.
La salida sufrió un aplazamiento, cosa que nos permitió llegar a tiempo a la misma, pues no podíamos acelerar el motor más de 1.100 r.p.m. ya que están pendientes de cambiar los silentblocks del mismo. No había viento, pero por lo menos no llovía, eso sí, a medida que nos acercábamos a las inmediaciones de la baliza de Pelados, donde se iba a dar la salida, empezó a llover con intensidad, y la verdad, a pesar de la ropa de aguas, acabamos empapados.
Cuando anunciaron el recorrido me pareció excesivamente largo para la época del año y las condiciones meteorológicas, y de hecho, al final hubo que recortar el recorrido, tanto de barcos ORC como de Clásicos y Veteranos, categoría en la que participábamos.
En la salida una caída repentina del viento nos dejó a mitad de la linea mientras tratábamos de alcanzar el lado del barco del comité, por lo que la salida fue, siendo generoso, bastante mala. Durante la siguiente  media hora a la salida además el viento era muy escaso, y de popa, cosa que al Puma 23 le viene fatal, sobretodo no pudiendo izar el asimétrico, ya que de los tres tripulantes que íbamos a ser, al final sólo fuimos dos.
Conseguimos perder menos tiempo del que parecía que íbamos a perder, y tras doblar la baliza en la ceñida hacia la baliza de Tambo empezamos a recuperar algo de terreno, aún así, para desgracia nuestra a la altura de Aguete el viento volvió a caer perjudicándonos gravemente. El tramo Aguete – Tambo se nos hizo eterno, y el frío empezaba a hacer mella a la vez que empezaba a obscurecer. Por entonces no sabíamos que el recorrido se había acortado, y a bordo hablábamos de retirarnos, pues la vuelta de Aguete a Combarro con el motor a 1.100 r.p.m. podía eternizarse. Poco después nos enteramos del acortamiento del recorrido y decidimos no retirarnos, pero con el poco viento que había, era prácticamente imposible llegar en un plazo de tiempo razonable a la meta. Al final, al ser los últimos en nuestra clase, y no tener repercusión para la clasificación de la misma, el Comité de Regata nos dio por entrados, con el fin de evitarnos la vuelta ya con noche cerrada, a la vez que enfilábamos la bocana de Combarro ya a motor.
La verdad es que la vuelta al mar fue como un empujoncito para seguir con las reparaciones en el Peregrina, y si bien, deportívamente hablando, la regata fue un desastre, puedo decir que por lo menos navegamos. Tengo que hacerme ahora a la configuración de velas del Nada Segundo y a su caña, que es muy diferente a la del Peregrina, a pesar de ser los dos barcos Puma 23. Espero que para la segunda prueba estemos los necesarios a bordo para poder competir usando el asimétrico y hacer una mejor salida.
No quisiera acabar este artículo sin felicitar a la estupenda tripulación del Cassandra por su victoria en la prueba en Clásicos y Veteranos y a la del Youkounkoun, con quienes tuve el placer de navegar en la Portonovo-Cabo de Cruz del pasado agosto, por si flamante segundo puesto en ORC1, a ver si mejoran para las dos siguientes pruebas y consiguen llevarse el trofeo.
El sábado que viene: ¡¡¡MÁS!!!

XI Regata Ría de Pontevedra – Fracaso total, pero con dignidad.

El pasado sábado nos tocó bailar con la más fea. Bueno, a ser cierto, la más fea éramos nosotros, pero la verdad es que he de decir que me siento muy orgulloso de la regata que hicimos, a pesar de acabar a más de 40 minutos en tiempo compensado del ganador.

Todo empezó a las 12:15, hora a la que llegué al puerto de Portonovo con mi flamante nueva caña del timón, lista para ser colocada para la regata, pues le falta barnizar o darle aceite de teca o lo que sea, y al acabar la misma debía llevármela de nuevo conmigo. Me llevé un gran susto cuando vi que habíamos situado la pletina que la une al eje del timón demasiado adelante, por lo que la caña sólo se podía unir al timón si estaba levantada unos 45 grados. Era inviable salir a navegar así. Me puse a buscar algo por el barco con lo que desgastar un poco la madera, y estuve rascando en la madera con un cuchillo durante unos minutos sin resultado ninguno. Cuando ya estaba a punto de darme por vencido pedí ayuda a los dos marineros del puerto que estaban de guardia, y me ayudaron a rebajar la madera 1 mm con una radial y un disco de desgaste, son unos tíos estupendos. Al final, conseguimos zarpar apenas una hora y cuarto antes de la salida.

Llegamos a la línea de salida tras una agradable navegación con vientos de través y nos situamos al norte de la misma justo antes de la salida, tal y como habíamos hecho en la última regata, la segunda prueba de la regata Galos Arizaga. En esta ocasión nos pegamos más a la prolongación de la línea de salida para cerrar a todos aquellos que nos quisieran adelantar por estribor, y para garantizarnos el viento limpio. Increíble pero cierto: ¡hicimos una salida con viento limpio durante todo el rato! Sólo por eso la regata ya valió la pena. Aún así, antes de cruzar la línea de salida, ya nos habían adelantado 4 barcos. En la siguiente imagen se puede ver el momento de la salida tal y como la aplicación eStela lo recogió.

A partir de ese momento todo fue perder tiempo, parte por nuestra incompetencia como regatistas, parte por navegar en un barco muy antiguo y pequeño como para competir con los rivales que teníamos. En cada bordo en la ceñida hasta la baliza de desmarque y la de Morrazán, perdimos gran cantidad de distancia por culpa de los ángulos de ceñida, si el lector quiere comprobar las diferencias de dichos ángulos no tiene más que echarle un vistazo a esta otra imagen y fijarse en las trayectorias de todos los barcos comparadas con la de la Peregrina:

Éramos conscientes de que íbamos a llegar últimos, pero el objetivo era perder el menor tiempo posible, así que tratamos de hacerlo lo mejor posible. Llevábamos un buen ritmo para nuestor Pumita y para entretenernos, en cada baliza tomábamos el tiempo que nuestro antecesor nos llevaba: casi 12 minutos en Morrazán, 15 en Picamillo, 18 en Camouco y veintipico en la Mourisca; nunca sabremos la distancia en meta, pues por alguna razón poco después de doblar la Mourisca se retiraron. De hecho, desde el barco de comité nos contactaron para saber de ellos, informándoles nosotros de que les habíamos visto doblar la Mourisca.
El barco se comportó estupendamente, el tramo desde Morrazán hasta Picamillo lo hicimos como un verdadero cohete, de hecho, sólo perdimos 3 minutos con nuestro antecesor en dicho tramo, siendo uno de los más largos de la regata junto con el de Camouco a la Mourisca. El tramo final, lo hicimos ya sin prisas y sin ganas pues al retirarse nuestro antecesor no tenía sentido forzar la máquina y estábamos muy cansados, pues inicialmente íbamos a ser tres tripulantes pero sólo éramos dos: esto hizo que decidiéramos ni siquiera izar el asimétrico en el tramo final, que hicimos en orejas de burro casi en su totalidad, pues al tener los carros de los escoteros del génova atascados y rotos (tengo que cambiarlos), en los rumbos de empopada o con viento por la aleta no consigo trimar bien del todo mayor y génova sin que la primera desvente a la segunda.
La verdad es que el recorrido de la prueba no me gustó demasiado, ya que para un 23 pies navegar fuera de la ría en invierno es arriesgado, y no porque no pueda hacerlo un Puma 23, al contrario, es un barco duro como una piedra “al que le va la marcha”, sino porque se como de feo se puede poner el mar entre el Cabicastro y Ons en poco tiempo y  no quería volver a casa con el rabo entre las piernas tras haberme retirado. Espero que para la próxima etapa el recorrido sea dentro de la ría, aunque si las condiciones del mar son mejores que las del sábado no me importaría repetir este. Dos días antes de la regata, le comentaba a otro participante: 

“Lo que me da miedo es que les de por poner un recorrido pasando por Picamillo o Camouco, no me gusta salir de la ría en invierno, un 23 pies nota mucho el mar”

Al final, uno que es cabezota e inconsciente al 50%, junto con mi cuñado, que me acompañaba de tripulante, y que también es entre cabezota e inconsciente al 50%, decidimos salir de la ría, hicimos el recorrido completo y llegamos a meta con un tiempo digno y la cabeza bien alta, aunque la verdad: agotados. Posteriormente, el juez de la regata, de Desmarque, nos felicitaba: 

“Independientemente de todo, ayer hicisteis una buena regata… cada vez se os ve mucho mejor. Incluso en la salida estuvisteis ahí con los primeros, tal y como se puede ver en las fotos. Y no tardasteis tanto para 16 millas y pico. Os vais superando.”

Esta felicitación para mi significa mucho, pues es un reconocimiento al trabajo realizado, pues realmente lo que estamos es aprendiendo, y quizá si algún día uno deja de ser el “armador perrillas” de un 23 pies y pasa a ser el “armador tirao” de algún barco más rápido, estemos ahí peleando por entrar en el podio.
Recorridos:
Al margen de todo esto, no quisiera acabar este artículo sin mencionar una cosa que no entiendo de los recorridos que se fijan para las regatas: se supone que el organizador trata de obtener la mayor repercusión posible para la misma ¿no? ¿por qué entonces se marca un recorrido en el que más de la mitad del mismo no va a ser seguido ni visto por nadie como es pasar por las torretas de Picamillo o Camouco en esta época del año? ¿Para una regata llamada Ría de Pontevedra no sería mejor un recorrido con viradas frente a cada uno de los clubes organizadores? Por ejemplo: Aguete-Morrazán-Silgar-Mourisca-Pelados-Morrazán-Silgar (16,3 millas náuticas). Y conste que no lo digo porque pudiera favorecer dicho recorrido a mi barco, al contrario, a mi barco no suele favorecerle ningún recorrido, lo digo porque un recorrido de este tipo puede ser seguido enteramente desde las instalaciones de los tres clubes náuticos organizadores. Otro ejemplo: el pasado verano, una regata daba la vuelta a Ons ¿que repercusión publicitaria tiene dar la vuelta a Ons? Si yo fuera el patrocinador querría una virada prácticamente sobre la arena de La Lanzada, Silgar o Montalvo. Quizá esté yo equivocado en este punto, no lo se, en cualquier caso, no es más que mi humilde opinión.
Este sábado más: Que se preparen todos: ¡vamos a por la remontada! (¡no se rían ustedes, que son muy malos!)

XIII Trofeo Galos – Joyería Arizaga (II): Derrota

Foto por Buri Shackleton

El pasado sábado entre el viento, el mar, y el Cassandra nos pusieron en nuestro sitio. Se celebrarba en aguas de la ría de Pontevedra la segunda y última etapa de la Regata Galos Arizaga organizada por el Real Club de Mar de Aguete. Había unos 15 nudos de viento del oeste y mar de viento incómodo para un “pequerrecho” de 23 pies, pero aún así hicimos la mejor salida que hemos hecho desde que menda es armador. La señal de atención se produjo cuando ibamos hacia el norte a unos 5 nudos, dejando a babor la línea de salida y el barco del comité. A la señal de 3 minutos viramos rumbo sur lo más paralelos y pegados posible a la linea de salida para obstaculizar a nuestro rival, y que tuviera que aplicar la máxima de “barco que alcanza, barco que gobierna”. Dado que nos echábamos encima del barco del comité y aún faltaba tiempo, ordené a mi “trimmer” Jandro, (soy un cursi, lo se), que amollara escotas, tanto de mayor como de génova para reducir la marcha y llegar al pitido de salida justo pegados al barco de comité, dificultando así la salida de nuestro rival. Nos pasamos un poquito, pero en gran medida logramos nuestro objetivo, de hecho, justo tras el pitido inicial, al girar la vista atrás vi como toda la flota de ORCs se nos echaba encima. Al pasarnos, desde uno de ellos, no sabría decir cual, pues yo no lo vi, sino que lo vió fue Jadro, nos felicitó por la salida.

Todo pintaba bien, parecía que podíamos aguantarle al Cassandra, pero a continuación, a los pocos minutos de darse la salida, durante unos fatídicos 4 minutos perdimos la regata: Como comentaba al principio, había un incómodo mar de viento para un “pequerrecho”, y en nuestro primer bordo, la escora era excesiva, cosa que a mi juicio nos hacía navegar a una velocidad por debajo de nuestras posibilidades, pero dado que moverse a bordo era complicado por la escora, preferí aguantar un poco para más adelante reducir un poco de génova. En ese momento, una ola nos entró en la bañera por detrás del winche y entonces decidí no retrasar más el reducir trapo. Durante la maniobra, y debido a que no tengo un sistema cómodo de retención del cabo que recoge el génova en el enrollador, me despisté y nos vimos obligados a realizar una virada no prevista, tras eso, en una posterior recogida de génova, a los pocos segundos, pues la primera resultó insuficiente, nos volvió a suceder lo mismo. Para cuando retomamos rumbo en condiciones aceptables, ya habíamos perdida casi 5 minutos. Todo esto lo cuento según lo recuerdo, y según he podido observar en la aplicación de seguimiento de regatas eStela que usa la empresa organizadora Desmarque para seguir las regatas.
A partir de ese momento nuestro única ambición era recortar al máximo el tiempo al Cassandra con el fin de poder entrar por delante de ellos en tiempo compensado. Hubo un momento en el que un momentáneo role de viento de apenas 10 minutos nos ponía en rumbo directo a la baliza de Morrazán, mientras ellos se tenían que abrir hacia el norte, pero fue eso, momentáneo. La verdad es que realizaron una regata impecable, sin fallos, eligiendo siempre el bordo adecuado, si exceptuamos el mencionado role de 10 minutos. Pasamos la baliza con mucha desventaja, por lo que nuestra única opción era subir el spi y tratar de recortar al máximo el tiempo perdido, pero nos costó mucho subirlo y ahí, definitivamente se nos fue la regata. Entramos en meta a 5:46 del Cassandra, que se convirtieron en 3:14 en tiempo compensado.
Estuve posteriormente haciendo los cálculos en casa obteniendo los siguientes resultados:

Tabla 1: Tiempos oficiales en meta

Pos Barco Tiempo Real Coef. JCH Tiempo Comensado
--------------------------------------------------------------
1 Cassandra 1:23:38 0,8779 1:13:25
2 Peregrina 1:29:24 0,8573 1:16:39
--------------------------------------------------------------
0:05:46 0:03:13
Para haber ganado la regata deberíamos haber entrado en 1:25:37 como máximo, osea, tenímos un margen de 1:59 segundos, en ese caso nos hubiesemos impuesto por un segundo:

Tabla 2: Tiempos mínimos para haber ganado la regata el Peregrina

Pos Barco Tiempo Real Coef. JCH Tiempo Comensa
--------------------------------------------------------------
- Cassandra 1:23:38 0,8779 1:13:25
- Peregrina 1:25:37 0,8573 1:13:24
--------------------------------------------------------------
0:1:59 -0:00:01

En total, perdimos 3:47 más de lo que nos podíamos permitir perder, está claro que esos 5 minutos fatídicos al poco tiempo de tomar la salida, y el tiempo que tardamos en subir el spi fueron fatídicos para nosotros. No quiero restarle nada de mérito al Cassandra, ganaron con justicia, no cometieron errores realizaron una regata impecable y “nos pasaron por encima”. En fin, habrá que irse preparando para la próxima, aún estamos aprendiendo, ya bastante ha sido ganarles en alguna prueba. En cualquier caso, en las dos regatas en las que hemos competido este año: Regata Setga y Regata Galos Arizaga, vamos 1-1. Por otro lado, es una verdadera pena no contar con otros barcos asiduos del año pasado, como el Sara O o el Nocturne.