Red para el guardamancebos y pegatinas de las regatas

Hacía tiempo que tenía ganas de instalar una red para el guardamancebos del barco, y buscar una solución al tener que pegar las odiosas pegatinas de las regatas en la obra muerta del barco. He instalado una red de guardamancebos. Además, también un invento para decir adiós a las pegatinas de las regatas en el casco.

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En el dique seco = obras

De nuevo en el dique seco

De nuevo me encuentro en el dique seco, y esta vez por problemas de salud no planificados. La verdad es que quizá tenga que replantearme el tema de las regatas. No es que me plantee dejar de acudir a las mismas, pero seguramente sí participe con menor intensidad. Se que no se me echaría demasiado de menos, pues como ya he dicho muchas veces el Peregrina no es un barco competitivo, pero yo sí que lo echaría mucho de menos: el ambiente que se respira en ellas, la posibilidad de conocer y relacionarme con más gente que ama el mar y el deporte de la vela… En fin, tampoco quiero ponerme demasiado filosófico. Continuar leyendo “En el dique seco = obras”

Mi segunda pelea con la sika tras la vuelta al mar

El pasado viernes cuando volvía de camino del trabajo llamé al almirantazgo para preguntarle si le apetecía dar una vuelta en el barco y me dijo que no mucho, así que me dispuse a solucionar un problemilla derivado de mi habitual bisoñez en temas náuticos: cuando encargué el palo, no se me ocurrió comentar que quería que la driza de la mayor saliera del palo por estribor y la de spi y génova por babor, así que una vez arbolado me he encontrado que tanto génova como mayor salen por la misma banda, y en ella sólo tengo un winche, una cornamusa, y ningún stopper. Tras darle vueltas decidí que no había más solución que poner un stopper.
Como los precios habituales de los productos náuticos, son extremadamente altos, y mi barco es ya cuarentón como yo, me tiré como un loco a la segunda mano. Encontré un Spinlock XA, como el que sí tengo en la banda de babor, a buen precio y me hice con el. El siguiente paso era colocarlo.
Esquema del montaje (laminado exterior, una especie de foam,
laminado interior, chapa de madera embellecedora).
Dado que me entraban unas gotas de agua por el de babor, lo retiré y aproveché para ver cómo estaba instalado y hacerme una idea del trabajo que tenía que hacer. El techo del camarote estaba agujereado con una corona de unos 35mm y el stopper se agarraba mediante tornillos tuercas, y arandelas del mismo diametro a la capa exterior de fibra y gelcoat de la cubierta. Tras ver eso me hice una lista de la compra, que consistía en dos piezas de chapa marina de un centímetro y medio, 4 arandelas de 35 mm, tornillos, tuercas, bote de polímero (una cosa que es como la sika de guarro y que me odia lo mismo que ella, pero que aguanta los rayos del sol mejor), y una corona de 35mm para poder agujerear.
    

Taco de madera original y resultado final (la luz de la fotografía no le hace justicia al color)

Como se puede apreciar el montaje no es complicado, no así el tratar con el polímero ese de los c**** que es como la sika o peor. El primer paso fue preparar las maderas el día anterior; con una lija se mataron los cantos y se dejó suavecita para luego aplicarle 3 capas de lasur entre cuyas aplicaciones se pasó una lija fina.

Al día siguiente, se prepararon los agujeros correspondientes y se aplicó un poco de polímero en la base de los stoppers para luego atornillarlos. El problema surgió cuando en el primero que coloqué, el de babor, me di cuenta que me había pasado con la cantidad de la “mierda blanca” esa, y monté un buen carajal. Afortuadamente, cuando lo apliqué en el de estribor, la cosa quedó bastante mejor. La cantidad que sobresalía no era ni el 20% de la que sobresalió en el de babor.
Así quedó el stopper: la experiencia con el de babor me enseñó que
mejor quitar el excedente de polímero con un cuchillo cuando haya secado.
Finalmente, con unas puntitas del mismo producto se colocaron los embellecedores para tapar los agujeros en el techo del camarote, no sin antes hacer un pequeño agujero en los mismos para que entrara un milímetro de los tornillos, que sobresalían.

Se que el lector estará deseoso de que ponga una foto del desastre de babor, pero no, no lo voy a poner, que uno tiene su ego también. Y quizá más adelante, explique cual fue mi primera pelea con la sika desde la vuelta del barco al agua.

Capítulo nuevo en mi relación de amor-odio con la Sika.

¡Menudo pastiche monté ayer en el barco con la Sika! Pero por lo menos esta vez no tengo la culpa del todo. Compré un bote de Sika de los pequeños, que debía llevar tiempo en la tienda o estar defectuoso, porque la parte de arriba del mismo estaba ya curado. Aún así, con ayuda de un destornillador consegí abrir un hueco en el mismo y comencé a aplicarlo en la zona donde quería pegar la mordaza que arreglé el otro día (ya escribiré un artículo acerca de ello). El caso es que como siempre en la vida, las desgracias suceden en una milésima de segundo: allí estaba yo, más feliz que un piojo agarrado a un pelo, aplicando la sika cuando repentinamente el bote reventó: cubierta, manos, mordaza todo pringado de la mierda blanca esa que es la sika… Acabé el trabajo como pude, pero quedó una guarrada que a ver cómo hago para dejarlo mínimamente digno. Para colmo, no creo que la Sika 291, que fue la que me juraron y perjuraron que era la adecuada para lo que quería usar sirva para fijar la mordaza, por mucho tornillo que lleve, sigo pensando que debía haber usado la 292, ya que es una pieza que se va a fijar a cubierta y debe soportar esfuerzos mecánicos, y que de hecho es la que pedí originalmente. En fin, hoy iré por el barco de nuevo a ver qué  c…… me encuentro.

Reflexiones acerca de las tostadas, la mantequilla y la gravedad

Sí, hablo de la Ley de Murphy. Y es que ha bastado que moviera un par de hilos con el fin de hacerme con un botalón, aunque sea de quita y pon, para ponerlo en la proa del barco para así hacer que el asimétrico rindiera mejor, para que tuviera un percance que seguramente me obligue a olvidarme del dichoso botalón. Como ya he comentado más de una vez en este blog, el ser armador, frente a lo que la gran mayoría de la gente piensa, no significa estar forrado, es una símple elección y priorización de gastos. También he escrito más de una vez aquí que determinadas averías son para mi un “tortazo” gigantesco, pero bueno, hay que sacar el dinero de otras cosas para poder seguir disfrutando del mar.
Ayer domingo, hablé con mi mujer de ir a tomar el aperitivo a Raxó, a lo que ella que es muy perspicaz, me contestó que ella iba en coche con las niñas, que si quería ir en barco que fuera yo, que hacía demasiado frío, respuesta que me esperaba, por supuesto. Antes de salir de casa, vi los walkie-talkie que SS.MM. los Reyes Magos de Oriente le regalaron a mis hijas, y los cogí. Uno lo metí en mi bolsa del barco y el otro se lo di a ellas. Les dije: Cuando estéis llegando llamadme por el walkie y hablamos. Esto a ellas les hizo mucha ilusión, porque posteriormente me informó mi mujer que prácticamente desde que se subieron al cohe estuvieron intentando comunicar conmigo; cosa que hasta que llegaron al mirador de A Granxa, frente al que navegaba yo, ya llegando a Raxó no consiguieron. La verdad es que lo pasé tan bien como ellas hablando por el walkie, aunque he de decir que han heredado de la madre el don de la oportunidad, justo cuando arriaba la vela: ¡zas! llamada por el walkie.
Todo se desarrolló de una manera estupenda, atraqué, no sin cierta dificultad debido a que la marea estaba extremadamente bajas, tomamos el aperitivo y tras un rato de esparcimiento con la familia solté amarras para volver a Portonovo. Durante el trayecto de vuelta, que fue a vela había una agradable brisa del W que me permitía navegar con comodidad hacia el SW para coger ángulo y entrar directamente a la dársena de Portonovo en un segundo bordo. En el momento de hacer la virada, se produjo el fatal acontecimiento: no sabría explicar muy bien qué pasó, una ola mal tomada, un resbalón con algo de agua en la bañera, con una escota en el suelo de la misma… el caso es que casi me caigo, y todo con tan mala fortuna que me apoyé sobre la caña del timón. ¿Resultado? “¡Crack!”. La habíamos hecho buena. En mitad de la ría y sin gobierno. ¡Fenomenal!
La verdad es que siempre que salgo a navegar solo pienso “¿y si pasa algo?”, pero el hecho de que nunca haya pasado nada da una sensación de seguridad que ahora se que es una falsa seguridad. Aún así, he de decir que me siento muy orgulloso de cómo reaccioné ante la rotura del timón. Lo primero de todo fue al ver que no había mar ninguno y que estaba en mitad de la ría sin otras embarcaciones alrededor, soltar escotas y dejar las velas al pairo. Tras eso estuve inspeccionando el timón que como se ve en la foto rompió justo en el enganche con el eje de la pala. Hice unas pruebas moviendolo con la mano y con el pie y llegué a la conclusión que si no subía demasiado el viento, con ayuda del pie, podía perfectamente mantener el rumbo que me llevaba hacia Portonovo. Aún así, intenté mediante cinta americana y unos cabitos encajar la caña en su sitio con relativo éxito, era posible gobernar con ella, pero no inspiraba mucha confianza. Pensé entonces que en cualquier caso, podía usar el fueraborda para propulsar y gobernar el barco, pues su eje no está fijo.

Al final entre el improvisado de la caña al eje del timón y mi pie en la pletina que une la caña al eje del timón conseguí gobernar el barco sin excesivos problemas, por lo que volví a vela hasta entrar en la ensenada de la playa del Silgar, donde recogí el génova y arrié como pude la mayor, pues no era fácil aproarse sin caña. En cualquier caso no hubo excesivos problemas. Tras arriar avisé por radio al Náutico de Portonovo de que iba a entrar en la plaza de amarre y de que iba sin timón, que sólo podía gobernar mediante el fuera-borda. Al llegar a mi amarre, me estaba un marinero esperando que me indicó que diera un golpe de empuje con el motor virado para entrar en la plaza y que luego, una vez encarrilado, metiera contramarcha para frenar la embarcación, que no me preocupara que si no llegaba ayudaba a pararla él. Al final fue todo como la seda y quedó en un susto. No quiero ni pensar que me pasara esto un día con una fuerte rasca o mar; claro que esos días procuro quedarme en puerto.

Ya tengo la caña encargada a mi carpintero de referencia (http://www.carpiglob.com/), de hecho estamos valorando hacer una virguería y construir a la vez un cañín con la misma forma que la caña y que sea escamoteable en la propia caña. No se, quizá haya que incrementar el grosor de la caña para suplir la resistencia que se elimina al abrir el cañín, pero eso ya lo veremos. Por otro lado, y para no tener problemas si esto vuelve a suceder, voy a tratar de hacer un taco que encaje en la pletina con un agujero del diametro de un candelero o algo así, en ese caso, entre el taco y un candelero, o la pata de la mesa del camarote o similar podría hacerme una caña del timón de fortuna.
En fin, que fue sólo un pequeño susto. Esperemos que no vuelva a pasar.