Operación Escoteros (I)

Primer intento: fracaso total

El pasado viernes por la tarde, con toda la ilusión del mundo me personé en el barco con mis flamantes nuevos escoteros. La primera medida, y conociendome, considero que muy acertada, fue atar cada uno de los escoteros con un cabito a una cornamusa y de esa manera evitar que me cayeran y se fueran al santuario de objetos metálicos que una y otra vez insisto en crear bajo el barco. Continuar leyendo “Operación Escoteros (I)”

Reparaciones y compras

Tras la vuelta al mar del barco he hecho algunas mejoras en el mismo, algunas provocadas por la distinta configuración del nuevo palo y otras debidas a la voluntad de mejorar la embarcación como han sido un lazy jack/bag, antena en el tope del palo, y un stopper nuevo. Como sabrá ya el lector, el Peregrina pasó una larga temporada en tierra, lo suficiente para que me olvidara de la cantidad de cosas que hay que estar arreglando constantemente en un barco.

Hasta ahora, llevo tres meses en los que básicamente he aprovechado para disfrutar de nuevo de la navegación, pero ya no puedo retrasar más algunas reparaciones que necesito hacer con urgencia:

  • Reenvío de cubierta para las drizas de mayor y génova.
  • Reparación de la emisora VHF, que recibe pero no emite.
  • Reparar la caña del timón, cuyo laminado se ha abierto un poco.
  • Substituir la tabla donde se agarra el fueraborda, que seguro que tiene un nombre náutico que desconozco, porque tiene una grieta muy fea.
  • Reparar el piloto automático.
  • Instalar cornamusas en la base del palo.
Esos son todos los trabajos que tengo ya en marcha, pero al desarrollar alguno de ellos me encuentro ante el dilema de dónde comprar. Los mismos productos, en la tienda que hay en el puerto cuestan 90 Euros, en una web española de Náutica 85 Eur, incluyendo los portes, claro, y en una del Reino Unido a través de ebay 67,50 Eur, portes incluidos, claro. ¿Que haría el lector en esta situación? ¿Cual es el motivo de esta diferencia de precio? La verdad, es que como consumidor, lo más probable es que me decante por la tienda en ebay, y es que 20 Eur me dan para comprar una cornamusa en mi tienda local, o casi dos en la web del Reino Unido. Pero ¿qué pasaría si mi tienda local me ofreciera un plus que la tienda de internet no puede hacer? 20 Euros por evitarme comerme el coco e instalar yo mismo el nuevo reenvío podría compensarme. Quizá vaya por allí y lo plantee.
Cambiando de tema, si aún no he comprado el reenvío de cubierta que necesito es porque no tengo claro la fuerza que tendrá que soportar. Se trata de las drizas de dos velas, ambas con un gratil de unos 9 metros y un pujamen de 5 y 3 metros, todas las medidas redondeadas al alza. Tengo que investigar cómo saber qué carga debe soportar el reenvío. 

Mantenimiento y roturas indirectas…

Antes de comprar el barco, y depués de hacerlo todo el mundo me decía lo mismo acerca del desembolso económico que significaba: “lo caro es el mantenimiento”, y efectivamente, así es, es más, tengo más o menos calculado, sin tener en cuenta el coste del amarre, que dicho mantenimiento se podría calcular alrededor del 10% del precio de compra de la embarcación, sin tener en cuenta las mejoras que se le hagan al barco. Pero de lo que nadie habló fue de todos los gastos que indirectamente el barco genera. Por ejemplo, tras un paseo Sanxenxo-Raxó-Aguete-Combarro, al volver hacia Sanxenxo, el típico encañonamiento del viento entre Tambo y Chancelas me provocó una quemadura por culpa del cabo del enrollador en una mano. Esto supuso un desembolso de unos 30 euros en unos guantes de neopreno. El miedo a tener que cambiar el móvil por culpa de un roción me llevó a comprar una funda estanca, otros 20 euros…

El último episodio fue el meter las gafas en el bolsillo de la chupa durante una ceñida dura. Al sacarlas: ¡¡¡catacrok!!! ¡Ahí van 140 euros de montura! ¡Me cago en la náutica de recreo y la madre que la parió!. Evidentemente esta es la típica cosa de la que es mejor que no se entere la almiranta, ultimamente anda “roncheando” porque quiere cambiar una ventana de casa y le dije que esperáramos al mes siguiente, que tengo que dar patente este mes, y claro, la rajada acerca del barco fue monumental; si se entera que rompí las gafas por hacer el bruto en el barco, me temo que empezará a odiarlo. Además, tengo que coser el pie de la génova pues el protector UV para el enrollador se descosió un poco.

En fin, que 140 pavos de montura… ¡¡¡pero menudo rociones me llevé!!! Llegar a puerto pingando de agua me hizo sentir como si hubiese atravesado Cabo de Hornos, ¡fue la caña!, algo parecido a cuando un niño de 3 años se pone a jugar en un charco disimuladamente, su madre lo pierde de vista durante 3 segundos y medio y el niño aparece sonriente, orgulloso de si mismo, pareciendo la chica de Goldfinger, pero con barro en lugar de pintura dorada. A partir de ahora si salgo a navegar y no vuelvo empapado no va a ser lo mismo.