Primera noche en la Peregrina

Aprovechando mi cumpleaños el pasado 29 de Mayo, decidí organizar una excursión de un día en el barco y así pasar la noche por primera vez, y que esto me sirviera de experiencia para en el futuro ir con la Almiranta y las peques. Aprovisionamos el barco con comida para la cena y la comida del día siguiente, algo para el desayuno, y por alguna extraña razón: ingentes cantidades de cerveza y ginebra. Llegados a ese punto fue cuando me di cuenta de que la experiencia no iba a poder ser muy aplicable a una travesía con la familia.
El plan original era ir a dormir fondeados en la isla de Ons, pero eran todo problemas: previsión de demasiado viento, no disponibilidad de una auxiliar para bajar al Checho a tomar unos cacharros, previsión de mar de fondo… así que finalmente nos decantamos por Beluso. El primer paso fue informarse del trámite a realizar para poder amarrar en tránsito allí, por lo que me puse con el guardamuelles, un tipo encantador por cierto, este me indicó el trámite a realizar, que consistía en enviar una solicitud a la zona sur de Portos de Galicia con una copia del folio, justificante del pago del seguro, dni, así que eso hice, aunque me chocó que en el formulario se especificaba que el tiempo de respuesta era de ¡¡¡10 días!!!. (Personalmente creo que es impresentable esto de los 10 días, pero bueno, con la Iglesia hemos topado).
Salimos de Sanxenxo sobre las 18 horas estando la tripulación al 75%, osea, tres de cuatro, no sin antes avisar al cuarto de que lo recogeríamos en Raxó, pasábamos de esperarlo pues iba a tardar un rato, y así, mientras esperábamos, por lo menos navegábamos un poco. La tripulación, como no podía ser de otra forma se avalanzó sobre las cervezas de la nevera, que la verdad es que con el calorcito bajaban que era una gloria.
Recogimos al cuarto tripulante en el pantalán de Raxó sin ni siquiera amarrar y pusimos rumbo sur hacia Aguete donde teníamos la idea de tomar un pincho, pero llegados a la bocana del puerto decidimos poner rumbo a Beluso. La travesía fue relativamente cómoda, tramos con viento por la aleta y tramos de popa cerrada en orejas de burro. Llegamos al puerto de Beluso sobre las ocho, ocho y media y tras amarrar por estribor, una mala elección desde el punto de vista del viento, pues nos daba el viento por babor, pudiendo haber amarrado más aproado, pero buscaba el resguardo del mar de viento que podía entrar por la bocana.
Desembarcamos y fuimos a tomar unas cañas por el pueblo, primero en A Centoleira, y luego en la Tabería Abordaje, donde además nos atizamos unos pimientos de padrón, que saben a verano, y una tortilla de patatas. Tras eso volvimos al barco y cenamos. Tras ese momento todo el idílico plan de noche en un puerto de mar, durmiendo en un barco se convirtió en la gran juerga: gin-tónics como para una boda… Al final acabamos en el Aturuxo de Bueu a altas horas y volvimos al barco a las 7 de la mañana. Entonces sí dormimos, y de qué manera.
La verdad es que no todo fue perfecto e idílico, una driza que quedó floja me obligó a salir a tensarla y ponerle una bolsa de plástico arrugada entre la misma y el palo para que dejara de sonar. Por desgracia para mi, al entrar de nuevo no coloqué bién la tabla de arriba de cierre de la entrada en el camarote, y tengo un recuerdo en forma de aureola morada alrededor del ojo, que por cierto, tras varios días me sigue doliendo. Pero bueno, por lo menos no me di con la botavara.
Cuando amanecimos, tras un fuerte desayuno, que como no podía ser de otra forma, y es que la cabra tira al monte, acabó degenerando, zarpamos y fuimos hasta Area de Agra a darnos un baño, y finalmente a puerto donde desembarcamos tras estar un buen rato limpiando el estropicio de la noche anterior con los Gin-Tonics.
Conclusión: Una experiencia para repetir, pero sin Gin-Tonics ni sucedaneos. La idea es que la próxima vez sea con las peques, de hecho ya me he hecho en Amazon con unos sacos de dormir de Princesas Disney para ellas (¡Lo que tiene que hacer un padre para meterles el gusanillo a las grumetes!).

Previsiones de WindGurú: ¡¡¡$@zrtppzzzz!!!!

Empieza a molestarme un poquito el tema de las previsiones del tiempo de WindGuru. Para este fin de semana la previsión era el sábado de 15-21 nudos y para el domingo de 12-15 nudos. Podría dar mi opinión acerca de dichas predicciones, peroentonces seguramente este blog pasaría a alguna lista negra de internet por culpa del uso del llamado “lenguaje inapropiado”, osea, lo que toda la vida se ha llamado “bajar
santos”.

Dado que la previsión era bastante aceptable para navegar con mi pumita, un amigo me pidió si lo podía llevar a él y a su hija a dar un paseo en barco, y estos estaban en San Vicente pensé en llevar el barco una noche para allí y sacarle algo de provecho al ser socio de dicho Club y hacer uso del precio reducido para socios.

Salí de Sanxenxo con destino a San Vicente do Mar sobre las 12 del mediodía. El rumbo inicial era W con viento del NW, osea, un cómodo través. Dentro de la Ría de Pontevedra el mar tranquilo, el viento más o menos constante, con alguna racha al pasar por la bocana de Portonovo y por Canelas; lo normal vamos.

Al salir de la Ría: nortazo de padre y señor mío. Pero no dentro de lo previsto, de 15-21 nada de nada, aquello no bajaba de los 30. Ante la perspectiva de 3 horas ciñendo con un rizo, dando pantocazos y atacao del los nervios, me dio por arriar, encender el motor. He de decir que la razón de dicha decisión fue el haberse acostado a altas horas el día anterior, por lo que uno no estaba fresco del todo para alegrías.

Al día siguiente, a la vuelta, fue cuando las diferencias con la previsión fueron bestiales. Por momentos tuve rachas de 30, un mar de viento de costado de más de un metro, de esos que hacen la travesía incómoda del todo, por lo que tuve que alternar la ceñida para tomar las olas por la amura de estribor, con popas cerradas en orejas de burro y empujado por las olas. Finalmente, tras entrar de nuevo en la Ría de Pontevedra todo se tranquilizó (la ría es mi amiga) y pude mojarme algo por lo menos.

En resumen: predicho para el sábado: 15-21, observado: 20-30 nudos. Predicho para el domingo 12-15 nudos, observado, bueno, más bien sufrido: 20-30 nudos. Muy bien, hurra por WindGurú. Dejo aquí mis recorridos a modo informativo:

Lo bueno de los días largos

Lo bueno de que haya llegado por fin la primavera y que los días sean largos, es que al salir de trabajar, uno puede hacer este tipo de cosas:

El recorrido que dio tiempo hacer no es que fuera excesivamente largo, pero desde luego me sirvió para matar el gusanillo.

Dedicado a “mi fan”, al que tanto le gusta ver desde la lejanía fotos de la Ría de Pontevedra: ¡Va por usted!

¿Y ahora qué?

En esta tesitura me encuentro: ¿Y ahora qué? Llevo todo el invierno haciéndole cositas a la amante; no me interprete mal el suspicaz lector, no hablo de nada reprobable. El perspicaz lector que es usted sabe que me refiero a mi amado barco: la amante es la Peregrina.

Como decía, llevo todo el invierno haciéndole pequeñas reparaciones y mejoras al barco, y la verdad es que se me están acabando, lo que queda por hacer requiere ya sacar el barco a tierra, gastar pasta, que en este momento no quiero, o que vengan varios días buenos, bueno, o al menos uno bueno para una de las cosas.

¿Qué me queda por hacer? Pues enumeremos:

  1. Tratar la madera de la regala: La idea es darle lasur, que queda muy bien, y renovar el sellado con sika. Recientemente le di aceite de teca y no duró nada.
  2. Desmontar metacrilatos de estribor para sellarlos adecuadamente y que dejen de gotear por dentro.
  3. Restaurar los marcos de madera interiores (para esto necesito ayuda, y mucha).
  4. Pulir los metacrilatos con limpiametales.
  5. Instalar la segunda batería de una puñetera vez.
  6. Vaciar el depósito para llenarlo de nuevo y tratar el agua con lejia o cloro para que pueda permanecer almacenada algún tiempo.
  7. Cambiar aceite al motor.
  8. Dar patente
  9. Pulir obra muerta
  10. Sellar grifos de fondo
Jo, yo que pensaba que no quedaba casi nada por hacer, y los puntos 5 y 6 los puedo hacer aunque llueva; pensándolo mejor: es un coñazo supremo hacerlo con lluvia, casi voy a mirar la previsión de tiempo y si no se desmadra, ni el viento, ni el mar, prefiero salir a navegar con lluvia.

Mirar al mar a los ojos

El pasado viernes salí a dar una vuelta en el barco, como no podía ser de otra forma, iba solo, como ha sido la tónica habitual los últimos meses, pero sucedió algo que no me sucedía desde diciembre. Un golpe con la realidad es bueno, y darse cuenta de las limitaciones propias permite tener los pies en el suelo. En resumen: de toda situación hay que aprender, siempre hay que perseverar ante la dificultad, y nada detiene al que tiene claro lo que quiere. 

El ritual antes de zarpar fue el de siempre: soltar escotas, funda de la mayor, encarrilar la mayor, colocarle la driza etc. Mientras que preparaba todo, me fijé que en las poleas a proa del palo que redireccionan las drizas hacia la bañera, y que hace un par de semanas traté con lasur y a las que di sika, había un problema: me había quedado un trozo de cinta de carrocero sin quitar. “¡Menuda mierda!” pensé, seguro que ahora no despega o algo así, pero no, sí que despegó, despegó con una facilidad pasmosa, ¡el problema es que también despegó la Sika!. No podría reproducir la retahíla de palabrotas que surgieron de mi boca, creo que hasta me llegarían a cerrar el blog si lo hiciera. Procuré sosegarme, y tras dejarlo de nuevo todo como estaba, o sea, con la cinta pegada y la Sika más o menos en su sitio, me apunté la tarea pendiente y continué poniendo el barco a son de mar para dar una vuelta.


Nada más salir del puerto, al ir a subir la mayor veo que no sube, y me fijo en que la driza está enrollada en el palo, “que cosa más rara pensé”, pero a los pocos segundos me di cuenta que en la última salida no fui yo quien la dejó colocada en su sitio, el soporte del tangón a proa del palo, la persona que la dejó la había pasado por babor, en lugar de por estribor como hago yo siempre. En fin, a problema tonto descubierto, problema tonto solucionado, pero me lo apunto para que no vuelva a suceder, hay que fijarse en eso en puerto.

El paseo fue tranquilo al principio, pero de un minuto al siguiente se levantó un viento NW del mil demonios, el mar de viento se convirtió también rapidísimamente en un buen rebaño de borregos, que entraban desde el WNW en la ría y que dada mi situación hacía muy difícil tomar un rumbo cómodo de navegación: si seguía hacia el sur me alejaba de la costa y si el mar seguía creciendo podía verme en serios problemas para volver, si viraba y trataba de ir al NNE me comería el mar de viento por el costado con el consiguiente peligro de escora excesiva. No parecía que hubiera un rumbo fácil: inicialmente mientras “miraba al mar a los ojos”, decidiendo lo que iba a hacer me puse un poco SSE, lo que alejaba de la costa, pero me permitía una navegación tranquila para preparar la maniobra, y tras decidir y preparar vino la ejecución: viré hacia el N, cosa que duró poco, tuve que aproarme y reducir trapo en la génova, no había un rumbo fácil que me acercara a la costa N de la ría cómodamente, el viento era racheado y la escora se iba a los 20º fácilmente por el viento, y si sumamos los envites de las olas por la aleta, esta se hacía mucho más pronunciada. La verdad es que he de reconocer que hubo algún momento de preocupación, por no decir miedo, que es de lo que hablaba al inicio de este artículo, pero supe sobreponerme tomando las olas de popa y metiéndome hacia dentro de la ría con el fin de que el mar disminuyera y poder acercarme un poco más al abrigo de la costa. Así fue, y no tuve que meterme demasiado, frente a la playa de Areas ya había mejorado bastante la cosa, así que viré y traté de acercarme al puerto para entrar.

Inicialmente tenía la intención de haber salido en el barco con las peques, por suerte, no vinieron, ya que una de ellas estaba pachucha; la verdad, es que hubiese sido contraproducente ya que hubiesen pasado miedo, y como ya he explicado en este blog más de una vez, es lo que menos me interesa. A ellas las tengo que llevar sólo esos días en encalmada en los que hay que encender el motor para avanzar un poco.