Si te gusta la vela: estás jodido.

El título de este artículo, es una frase que oí a un amigo cuando le comenté que había conseguido que “El Almirantazgo” me autorizara a comprar un barco, “bueno, con unas condiciones”, le dije, y él me respondió con cara de saber muy bien de lo que hablaba, por haberlo sufrido en primera persona, el título de este artículo.

La verdad, es que cuando una persona, digamos de “recursos limitados”, se pone a hacer los cálculos de lo que supone poseer un barco de vela, rápidamente llega a esta conclusión. Esos cálculos los he hecho cantidad de veces, y siempre he llegado a la misma conclusión: el problema no es comprarlo, el problema es mantenerlo.

Cuando uno empieza a ver los costes de los recambios, equipamientos y demás relacionados con un barco se echa las manos a la cabeza: todo es ¡nauticamente caro!. Una cuerda es barata, pero si a la cuerda la llamamos cabo, pasa a costar el triple o el cuádruple. En cuanto cualquier objeto cambia su nombre por un nombre náutico, el factor 4x hace su aparición. Pero si hasta un catavientos, que no es más que una tira de seda puede costar más de 10 euros (un ejemplo de catavientos baratito). No hablemos ya de la mano de obra, te puedes encontrar en precios por hora de concesionario de coche de lujo por trabajos con un índice de chapuza del 80%.

Pero aún así, yo he seguido adelante. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque como en muchas otras cosas en la vida, al final casi todo es cuestión de prioridades y de esfuerzo personal. Hay que dejar atrás algunas cosas para poder obtener otras. Evidentemente la compra de material no se puede evitar, pero generalmente en internet se suelen encontrar mejores precios que en las tiendas nauticas locales. El problema se circunscribe entonces al precio de la hora de trabajo, que, si uno está dispuesto a aprender bricolaje náutico y a dedicarle tiempo, se puede reducir prácticamente a cero, sobretodo si se conoce a gente en la misma situación que uno, o que conozcan las disciplinas necesarias.

Aún así, cada persona debe encontrar su própio camino a la hora de tomar la decisión de si comprar un barco o no. Yo he tomado la mía, y no soy una persona especialmente habilidosa en el bricolaje de cualquier tipo, pero mi afición por el mar, por ahora está consiguiendo que me introduzca en esto del bricolaje náutico.

Antecedentes

Desde muy pequeño el tema de la navegación me ha llamado. No recuerdo cual fue la primera vez que me subí a un barco, pero seguro que no tenía más de 10 años. En mi familia, uno de mis tíos siempre fue un enamorado de la pesca submarina y la navegación, llegó a tener desde un 470 precioso de madera, que aún conserva, a un enorme “tractor” de casi 10 metros de eslora. Mi padre, que se llevaba muy bien con él, solía acompañarle en verano en sus múltiples salidas a pescar, y en numerosas ocasiones yo les acompañaba.

Arpege 30Mi primer contacto con la vela se la debo a un amigo de mi tío, que poseía un hermoso velero de nombre María Beatriz, un Arpege, en el que por primera vez descubrí la maravilla de la navegación a vela. Descubrí ese momento mágico en el que se izan las velas y se apaga el motor, ese momento en el que todo cambia a bordo y a la vez cobra sentido, y desde ese momento, siempre he soñado con poder vivir ese momento cada vez que quisiera, durante muchos años he sido poseedor del que dicen es elmejor velero del mundo, el del amigo, pero recientemente he traspasado ese barco a mis amigos. Espero que lo disfruten, y espero disfrutarlo con ellos. Además, a ver si les meto el gusanillo a las peques, que por lo de pronto, aunque con miedo, están ilusionadísimas.